lunes, septiembre 20, 2010

RELAX, TAKE IT EASY

Te acuestas cuando ya son más de las doce y media de la noche, has pasado un día de lo más movido: comida en casa de amigos, tarde en el centro con más amigos, etc. Pero es llegar a la cama y los ojos abiertos como platos, es el momento en el que cualquier ruido que durante el día pasa desapercibido ahora se muestra protagonista. Las motos que pasan por la calle, unos muchachos gritando barbaridades (mejor no mencionarlas aquí), el bar de abajo que echa las persianas, hasta la respiración de tu pareja. No hay manera de dormir, el insomnio se apodera de ti y empiezas a pensar en qué deberías hacer mañana y cómo o en qué orden tienes que hacerlo, mientras todo el mundo duerme. Y así puedes estar una hora o más.relax

Entonces recuerdo que en clase de Educación Física, no sé de que año (1996 ó 1998), teníamos clases de relajación que nos dejaban tranquilos para el resto del día, lástima que esas clases eran hacia las dos de la tarde con más de 30ºC a la sombra. Pensé en ese método y lo puse en práctica esa noche. Os lo pongo a continuación, por si os vale:

Tenéis que poneros boca arriba con brazos y piernas estirados, y concentraros en el ejercicio con un toque de imaginación. Poned atención en el dedo meñique de vuestro pie izquierdo, notad como ese dedo se va hundiendo lentamente en el colchón, es una sensación agradable que no molesta, al hundirse el dedo meñique va arrastrando al resto de sus compañeros. Los dedos están tan pesados que no tienen opción alguna de resistirse al hundimiento, y así lo mismo ocurre con los dedos de vuestro pie derecho, también se hunden y con ellos el resto del pie, así como el izquierdo: notáis como los talones se clavan en el colchón y lo atraviesan, el calor se apodera de ellos y la sensación es más confortable aún. Los tobillos acompañan y se dejan llevar, hasta que atraen a las piernas, el gemelo y la rodilla caen casi al mismo tiempo. En un instante las dos piernas han llegado a un estado muy agradable, si os dolían de cansancio ese dolor desapareció. La cadera decide seguir el proceso y se acomoda dentro del colchón, con ella la espalda y el abdomen, en una sensación que es parecida al mejor de los abrazos de un/a amante. El pecho es el siguiente, se va hundiendo poco a poco, arrastra a los hombros y al cuello, el pelo ya forma parte de la almohada, y vas quedando en estado de letargo cuando comprendes que tu barbilla, nariz y ojos lo harán también.

Si eres capaz de terminar este proceso sin dormirte, habrás conseguido al menos dejar de pensar en aquellas cosas que rondaban tu cabeza, si te dormiste el ejercicio funcionó y te hallarás en un sueño aún más reparador que de costumbre.